¿Lo sentís…?

El 19 de octubre aterricé de nuevo en Valencia, la ciudad en la que vivo la mayor parte de días del año (el resto me voy a caminar por ahí o vivo en el campo). No hace todavía un mes de mis últimos caminos y ya casi no los recuerdo… Entro poco ahora a las redes sociales, ocupo casi todo mi tiempo trabajando y estudiando. Casi todos los días baño mis pies en el mar, que lo tengo muy cerca y miro al cielo. Estamos en otoño, noviembre. Por las mañanas, cuando aún no ha salido el sol, en esta ciudad hace fresco. Bastante fresco (consideramos  fresco en Valencia menos de 10 grados). Pero a las 10:30 de la mañana, ya te puedes dar un baño en el Mediterráneo si quieres. Todos los días algún habitual a los baños marinos, se da ese gustazo. Y claro, con ese sol resplandeciente, esas temperaturas que sobre las 14:00 alcanzan los 24 grados perfectamente y ese cielo azul tan maravilloso, el mar que no se enfría… invitan a ello. Yo también disfruto del sol. Me encanta el sol de otoño y de invierno. En verano mi opinión sobre el sol cambia radicalmente. Pero a la vez que miro al cielo y disfruto de ese azul intenso sin una nube y de ese mar que no termina de enfriarse, pienso en lo tremendamente preocupante que es esto. Aquí no llueve, el mar no se enfría, el otoño se resiste un poco a dejar que los árboles suelten la hoja alegremente. El calorcito del otoño es muy agradable, pero la falta de lluvias es muy preocupante. Ya casi no me acuerdo de los incendios en Galicia del pasado mes. Tampoco sé si se habla de ello en las redes sociales o en tv o en algún sitio, porque la verdad estoy muy ocupada ahora para ver qué pasa ahí fuera. Pero aquí dentro, en este planeta, donde todos nosotros habitamos está pasando algo muy grave. Mucho. Y para enterarnos de lo que pasa no hay que mirar la tv. Simplemente hay que mirar al cielo aunque estemos ocupados, no hay más que meter los pies en el Mediterráneo. No hay más que fijarse en los árboles un momento… es que ni siquiera hace falta pensar o reflexionar en ello. Es tan evidente… aquí en Valencia la falta de agua es una triste realidad. La desertización de los suelos es una triste realidad, la deforestación… y en el resto de España lo mismo. Y en el resto del mundo lo mismo. ¿Qué pasa con los glaciares? Ya estamos metidos en el bucle.

¿Qué hacemos? Pues no sé… tal vez empezar a cambiar un poco la forma de pensar y a continuación la forma de actuar. Apagar la tv y mirar al cielo, escuchar a los árboles y tocar el agua del mar. ¿Lo sentís? Formamos parte de este mundo. Pertenecemos a este planeta. Estamos conectados. Aunque fuese por puro egoísmo, deberíamos cuidarlo.