Camino Primitivo – Lo importante no es la meta (Fernando)

Camino Primitivo – Lo importante no es la meta

Quiero narrar de la forma más breve posible, ya que extenderse demasiado dando datos de altitud acumulada y descensos relativos puede confundir a los futuros peregrinos, lo que ha sido mi cuarto camino a Santiago, el Camino Primitivo, pero antes he de aclarar que mi motivación no ha sido religiosa sino más bien espiritual y de superación personal, más adelante entenderéis porqué hago esta aclaración.

Comencé en Oviedo, allí normalmente nos encontramos todos aquellos que pretendemos hacer la mencionada travesía, es ahí en Oviedo, donde comienza mi primer contacto con lo que va a ser en los días venideros una dura querencia diaria.

Una vez registrado en el albergue de peregrinos de el Salvador y viendo que son las tres de la tarde, decido vivir mi primera experiencia y para ello me dirijo al monte Naranco, me atrae muchísimo poder contemplar personalmente las iglesias prerrománicas y sobre todo la de San Miguel de Lillo que este año 2017, aparece su imagen en la moneda conmemorativa de 2 euros de España, he de puntualizar que soy numismático y tengo un blog al respecto, http://carterasespanolas.blogspot.com.es/(link is external) pero también tenía una enorme ilusión en continuar el ascenso y poder contemplar la fabulosa escultura del Sagrado Corazón que se ubica en la cima del Monte, unos diez kilómetros ida y vuelta que me sirve de prólogo de lo que será mi vida en los próximos días.

Primera etapa.- Comprende una distancia de unos 26 kilómetros, la verdad es que se me hace corta ya que la belleza de zona hace que el tiempo se pase volando, a las 14 horas llegué a Grado, y decido quedarme en el Albergue Villa de Grado y no continuar hasta San Juan de Villapañada que era el final de etapa dentro de mi planificación, pero pensé que merecía la pena disfrutar de este precioso pueblo que además, ese día, 21 de mayo, era el día de mi cumpleaños y me apetecía curiosear en un mercadillo allí instalado e invitarme, en una pastelería situada a pocos metros del albergue, a un buen pastel para ir cogiendo fuerzas para las próximas etapas.

Segunda etapa.- Distancia 23 kilómetros, esta etapa aunque algo más corta, se hace más dura debido a la subida del alto del Fresno, el Primitivo comienza dando un aviso, quiero ser prudente y aunque mi intención en un principio era ir al albergue de David, en Bodenaya, son casi 6 kilómetros más de subida, por lo que decido alojarme en el albergue El Cruce, en Salas, no es un alojamiento perfecto pero con los servicios suficientes para pasar la noche, además la hospitalera es un encanto y muestra mucho interés en que estemos bien atendidos, justamente en los bajos regenta un supermercado bien surtido. Esta etapa me ha dado un aviso de prudencia y aunque te encuentres en perfectas condiciones debes reservarte un poco para las etapas venideras.

Tercera etapa.- Mi intención desde un principio es hacer la variante de Hospitales, por lo que decido aumentar la distancia de la etapa y llegar hasta Campiello, casi 34 kilómetros, preciosa etapa con unos paisajes impresionantes, me acompaña durante gran parte de la mañana una niebla que hace que los bosque asturianos parezcan de otro mundo, da la sensación de que estás en un mundo mágico y que en cualquier momento, dentro de sus bosques, va a aparecer algún personaje encantado, la belleza del entorno es espectacular y no paras de mirar de un lado a otro, no te da tiempo a absorber tanta hermosura e intentas retener en tus retinas todo lo que la naturaleza te está ofreciendo, la distancia aunque larga, se mitiga con tan espectaculares paisajes, y sobre las 15 horas llego a Casa Herminia, un oasis de descanso y atención, esta mujer en una maravillosa anfitriona y te hace sentirte como en tu propia casa, no sé cómo lo hace, pero desde un principio comienza a llamarte por tu nombre y aunque pasen las horas se sigue acordando de él, curiosa virtud.

Cuarta etapa.- Variante de Hospitales. Todo el mundo, en esta zona, te aconseja no comenzar a caminar antes de las 8 de la mañana, hay una espesa niebla que imposibilita un avance con garantías de llegar a algún sitio, me lo tomo con calma aun sabiendo que tengo por delante casi 30 kilómetros, decido esperar hasta las 9 para que la niebla se vaya diluyendo, aprovecho para tomarme el magnífico desayuno que nos ha preparado Herminia y sobre esa hora comienzo a caminar dirección a Hospitales, por desgracia me desorienté en una señal e hice un par de kilómetros de más que unidos a la corrección fueron 4 kilómetros,  la etapa fue, muy posiblemente, la más dura que he realizado nunca, no por su pendiente acumulada ni por sus descensos fuertes, que los hubo, sino por el enorme calor que hizo, un sol castigador sin apenas sombras ni viento que mitigara la temperatura, consumí todo el agua que llevaba, más de 3 litros, afortunadamente iba preparado con crema solar y gorro que use de forma continua e incluso así, me termine quemando la cara y los brazos, eso sí, la magnitud de sensaciones que uno encuentra en ese entorno son indescriptibles, los paisajes son sublimes, te sientes invencible, estás en la cima, vislumbras cantidad de senderos por los que has pasado, pero desde la altura, como si fueras superior, aprecias, desde esa altitud, la cordillera que separa Asturias de León, el esfuerzo ha merecido la pena, te sientes orgulloso de haber superado esa prueba tan narrada por otros compañeros que la hicieron anteriormente. Me encontraba sin una gota de agua y deseaba llegar a Montefurado, me habían dicho que ahí había un grifo de agua de difícil localización, pero lo encontré rápidamente y pude beber hasta saciar mi sed y reponer mis recipientes porque aún no había llegado a mi destino que no era otro que Berducedo. Aquí no acaba mi etapa, una vez en Berducedo, me encuentro con la sorpresa de que no hay ninguna plaza en los albergues, por lo que tuve que llamar a Manolo, el taxista de la zona, para que me volviera a llevar a Campiello, Herminia si tenía plazas libres en el albergue, y quedar con él sobre las 6 de la mañana para que me fuera a buscar y devolverme a Berducedo para continuar con mi Camino.

Quinta etapa.- Durante estas primeras cuatro etapas no dejaba de pensar en la cantidad de ropa de agua que llevaba dentro de la mochila, entre polainas, capa de agua, cortavientos impermeable, pantalones de agua, etc., entre 2 y 3 kilos que me podría quitar de encima, el clima en esos días era de verano, mucho sol y calor a partir de las 11 de la mañana y ni una sola gota de agua en este periodo, tenía que tomar la decisión de regalar todo ese equipo y dejarlo en un albergue o enviarlo por correo a casa devuelta, estaba decidido, en Grandas de Salime dejaría todo aquello que no me hacía falta, pero el destino es caprichoso y según comienzo a caminar en esta quinta etapa, comienza a llover fuertemente, tuve que utilizarlo todo, polainas, pantalón de agua, cortavientos, capa de lluvia, protector de mochila, e incluso, con todo esto, terminé completamente empapado, menos mal que no hacía frío y entre chubasco y chubasco me daba tiempo a secarme. La etapa parecía que iba a ser de descanso, casi toda era de descenso y una subida después de llegar al embalse de Salime, pero nunca más lejos de la realidad, la etapa fue dura, sí, solo 20 kilómetros, pero 20 kilómetros contundentes comenzando por un fuerte descenso en zigzag interminable y agotador para luego y una vez descansado en el hotel las Grandas un ascenso de varios kilómetros, gran parte de ellos por carretera, pero esta etapa era merecedora de admiración, sobre todo cuando comienzas a apreciar visualmente el embalse, no dejas de prestar atención al entorno, un auténtico capricho para los sentidos, esa combinación de bosques y agua hace que el cansancio y la lluvia intermitente pase a un segundo plano, localicé un mirador en la presa, un balcón al embalse con unas vistas privilegiadas, ahí hice una parada para poder recrearme y realizar alguna que otra fotografía,  sobre las 14 horas llegue al albergue de El Salvador, un buen albergue bien situado con un supermercado muy cerquita que te facilita obtener todo lo necesario para poder disfrutar de una estancia satisfactoria.

Sexta etapa.- La lluvia continuaba acompañándome de forma intermitente es esta etapa que comprendía 26 kilómetros hasta A Fonsagrada, en algunos momentos el cielo se vestía de negro con unos nubarrones que parecía que se hacía la noche, como que lucía un sol castigador que me obligaba a quitarme toda la ropa posible, la capa de agua la llevaba o modo de capa, es decir sobre la mochila, si llovía alzaba los brazos y me la ponía, cuando escampaba, sacaba los brazos he intentaba secarme con el aire y el sol, he de reconocer que esta etapa era también bastante dura, sobre todo la subida al puerto del Acebo, afortunadamente es una subida con una pendiente algo inferior a las anteriores, similar altitud pero en una distancia superior con lo que es algo más suave, una vez superado el Acebo aprecias que los senderos mejoran, esto indica que ya estás en Galicia, el trabajo que se ha realizado por arte de la Xunta es elogiable, se han preocupado de este aspecto y los peregrinos lo agradecemos, curiosamente el paisaje comienza a modificarse sensiblemente, ahora los bosque comienzan a ser de eucaliptus, y el aroma que desprenden es diferente. Sobre las 14 horas llegué al albergue pensión Cantábrico, me llamo la atención el sistema de secado de botas, nunca lo había visto, estaba formado por diferentes tuberías en forma de cuernos que salían de otra tubería principal, un sistema muy efectivo, en un par de horas las botas estaban secas.

Séptima etapa.- Continúa el tobogán del Primitivo, sigues subiendo y bajando incansablemente, esos horizontes con aerogeneradores entre brumas y niebla siguen estando ahí y sabes que tendrás que pasar necesariamente por ellos, pero es lo habitual, todos los días los ves al comenzar la etapa y al cabo de unas horas los tienes cerca de ti, esos gigantes de viento que se hacen compañeros e informadores de distancia. La etapa de hoy es de 25 kilómetros de bajadas y subidas, ya se convierte en una rutina y no le das demasiada importancia, tu cuerpo se ha habituado, tus piernas se han endurecido y tu estado físico, si has llegado hasta aquí, es aceptable, estás en forma, pero cuidado aun te queda alguna que otra prueba y no es otra que la horripilante subida a A Lastra una pendiente que yo la calificaría del 13% se hace agotadora si además te pilla con lluvia y barro, como me ocurrió, no lo vas a pasar muy bien, pero sabes que ya estás cerca de O Cádavo y ese último esfuerzo lo haces con resignación y satisfacción. Sobre las 13 horas llegó al albergue Porta Santa, albergue privado nuevecito y muy bien preparado tienes habitaciones privadas y compartidas pero de tamaño reducido no más 8 camas por habitación, la verdad que me gustó bastante este albergue.

Octava etapa.- Posiblemente la que más dura se me hizo, no por su distancia 30 kilómetros, sino por la eterna entrada a Lugo, la etapa comienza con un ascenso a alto de Vaqueriza pero el resto es bajada y llaneo por frondosos bosques, como no podía ser de otro modo, en estos últimos días, la lluvia me sigue acompañando de forma intermitente, la carretera se hace mi compañera en muchos tramos y se va alternando con pistas asfaltadas y senderos, discretamente la ruta te lleva por zonas que hace que evites la zona industrial de Lugo, una vez en la ciudad los últimos metros se hacen interminables hasta que llegas a la muralla y entras en el casco antiguo que es donde está el albergue de peregrinos, uno de los albergues peores de este camino y me atrevería a decir de los peores en los que he estado en mis tres caminos anteriores, lo bueno que está muy bien ubicado y se dulcifica con la cantidad de servicios que ofrece una ciudad como Lugo.

Novena etapa.- Como viene siendo habitual, el cielo se muestra amenazante, la bruma matinal, la cual esperas que se diluya a medida que avanza el día, se convierte en una fina capa de agua, en algunos momentos ves el sol pero rápidamente es tapado por un frente borrascoso que hace que te tengas que cubrir rápidamente. Hoy la etapa comprende 27 kilómetros hasta Ferreira que es donde tengo pensado descansar, es un perfil suave y con mucho recorrido por carretera, los paisajes, como no podría ser de otro modo, son admirables y pintorescos desde la misma salida de Lugo por su puente romano que cruza el río Miño hasta su final, la verdad es que ya ni la lluvia incesante en algunos momentos me molesta, es curioso pero te terminas acostumbrando a todo y aunque estás empapado por la intensidad del agua en momentos puntuales, no te impide del disfrute de la etapa, los asumes como una anécdota más a tu aventura, asumes que en tu travesía de varios días, has de pasar por diferentes estados tanto meteorológicos como emocionales y eso te hace más fuerte, vas advirtiendo como éstas inclemencias fortalecen tu ánimo y lejos de deprimirse o asustarse reacciona de forma inversa, superando todas estas pruebas día tras día, tu espíritu se ve vigorizado y observas como tu esfuerzo se va convirtiendo en voluntad, te sientes bien contigo y con todo lo que te rodea, creo que esto es el Camino, llegar a este estado de concentración y bienestar, el objetivo se ha alcanzado, solo resta llegar a la meta. El albergue de Ferreira es muy buen albergue, nuevo, limpio y bien organizado, eso sí, si quieres comer algo lo tendrás que hacer en el bar de al lado, no es bueno su menú, pero ya te da todo un poco igual, lo único que pides es algo de comer a buen precio y un lugar donde asearte y descansar.

Décima etapa.- La etapa de hoy la he planificado muy corta, 20 kilómetros, mi intención es llegar a Melide para poder disfrutar del, según dicen, el mejor pulpo del mundo, por este motivo quiero llegar a este famoso pueblo y pasar el resto del día descansando y disfrutando de su restauración y entorno. Es una etapa con dos perfiles diferenciados, una primera de largo y suave ascenso por diferentes aldeas y pequeños núcleos rurales, y una segunda parte en suave descenso en su mayor parte por carreteras secundarias. En la entrada a Melide sufrí un shock, parecía que el pueblo estaba de romería y que se celebraban las fiestas mayores, cientos de peregrinos, en su mayoría extranjeros, paseaban por sus calles, decenas de personas vestidas con ropa playera circulaban por la ruta peregrina, no salía de mi asombro, la gran mayoría con mochilitas y zapatillas playeras, tal fue mi indignación que es ese momento di por terminado mi Camino, localice un sitio donde dormir, lo cual me costó bastante, y al día siguiente buscaría un medio de transporte que me llevara a Santiago donde cogería un bus o tren para regresar a casa. A lo largo de la tarde estuve meditando y decidí no cambiar mi meta, el objetivo ya lo había obtenido en las etapas anteriores pero debía alcanzar la meta y para ello tenía que seguir.

Undécima etapa.- Una etapa larga en distancia 33 kilómetros pero dulce en dificultad, tuve claro que tenía que aislarme y procurar conservar la magia del Primitivo todo el tiempo posible, para ello decidí madrugar y estar en marcha lo antes posible, me levante a las cuatro y media para estar ya en marcha como muy tarde a las 5 de la mañana, eso me permitiría disfrutar de cierta soledad durante las dos o tres primeras horas, me puse mi frontal luminoso y comencé a caminar en completa oscuridad, ya lo había hecho en alguna etapa en mis anteriores caminos por lo que no me resulto nada nuevo, es más, es una experiencia que aconsejo, es fabuloso, sobre las ocho ya comenzaba a ver peregrinos y un poco más adelante el Camino Francés se convertía en una auténtica romería, hasta tal punto que pude comprobar como autocares llenos de turistas se bajaban y comenzaban a caminar, observé como los conductores de esos autocares llevaban un montón de credenciales en la mano para sellarlas mientras sus propietarios avanzaban por los senderos, kilómetros más adelante, no más de 10, esos mismos autocares estaban esperando a sus pasajeros para ser llevados al final de la etapa, una auténtica vergüenza, pero no se puede hacer nada, peregrilandia se ha instalado en el Francés y los girigrinos se gastan un pastón para vivir la experiencia. Fui previsor y reserve albergue en Pedrouzo por lo que a mi llegada al pueblo ya tenía solucionado el tema del descanso. La etapa es bastante bonita pero eso de ir en fila la hace poco seductora, no creo que vuelva a enlazar en mis futuros caminos con el Francés.

Decimosegunda etapa.- Estos últimos kilómetros, 20, hasta Santiago los abordé de la misma forma que la etapa anterior, saliendo a las cinco de la mañana para así, estar lo antes posible en la meta, el recorrido es muy agradable, con alguna que otra subida pero perfectamente asumible, por desgracia la niebla limita bastante la apreciación del paisaje y más a esas horas nocturnas, pero ésta no se levantó hasta mi llegada a destino, no pude disfrutas de las fabulosas vistas desde el monte Gozo y tampoco la vista de Santiago desde esa altitud. Sobre las diez treinta ya me encontraba en la plaza del Obradoiro y lo primero que hice a diferencia de otros caminos fue ir a por la Compostela, cosa de la cual me arrepiento ya que perdí cerca de dos horas, la fila era interminable y me prometí no volver nunca más a por esa certificación, lo he hecho en dos ocasiones y en otras dos no, pero creo que nunca más volveré a perder mi tiempo en semejante actividad hasta que la organización no resuelva este inconveniente, es lamentable que tras 350 kilómetros de travesía tengas que estar esperando más de dos horas para que te den un papel cuya valía es nula, lo mismo da que hagas cien que novecientos kilómetros, esto lo tienen que revisar, y aquellos que solo hacen cien kilómetros, la mayoría, se tendrían que dirigir a otra ventanilla, o mejor, que la distancia mínima para su obtención sea superior a, por ejemplo, trescientos kilómetros.

Este camino me ha servido para mucho, he visto auténticas maravillas, paisajes de ensueño, bucólicos, panoramas que nunca olvidaré, he disfrutado de compañeros, ahora amigos, que me han aportado mucho los cuales recordaré toda la vida, he sentido, gozado, sufrido y compartido  momentos inolvidables y he aprendido que el Camino es un objetivo cuya meta es cualquier lugar, no necesariamente has de acabar en Santiago, puedes acabar en cualquier punto geográfico, lo importante es encontrar tus respuestas y sentir que aun estás vivo, para mí, es esa la meta a alcanzar.

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