A Elisa caminar el Pirineo le inspiró hasta el punto de escribir un libro :)

¿Hay un por qué al caminar?¿No deberíamos preguntarnos el por qué no caminamos?
Pero si la pregunta es por qué soy feliz caminando sola por la montaña (porque a mí, sobre todo, me gusta caminar sola), allá va: Creo que es tan sencillo como el experimentar una sensación de plenitud, de perfección absoluta, de que todo es y está exactamente donde y como debe…la euforia y el sosiego alternando…el cuerpo poniéndose a prueba…la posibilidad de escuchar la mente sin ruidos ni interferencias…el tiempo que se ensancha…el espacio inabarcable que, sin embargo, se hace posible recorrer…el avanzar a ritmo humano…
Pero siempre hay un momento de epifanía. Y el mío llegó en 2006, en una travesía (mi primera travesía) por los Pirineos Aragoneses a la que me apunté de forma intuitiva en el primer verano de mi vida en el que tuve que hacer planes por mí misma. Después de tres días andando con el grupo como una zombi, “desperté” a la belleza en Gavarnie. Y la subida a la brecha de Roland se convirtió en un particular viaje espiritual a la sensación embriagadora de formar parte de ella. Y no, ya no hubo vuelta atrás.
El verano de 2015 hice la travesía completa de los Pirineos. En solitario. Fue un sueño hecho realidad que en su momento recogí en un blog (transpirineandando) y que hace muy poco se ha hecho libro (42 días y un sueño: Alta Ruta Pirenaica en femenino singular, publicado por Octaedro). En ambos puedes, podéis, leer mucho más de mi motivación y sensaciones porque es, sobre todo, un diario del viaje (más interno que externo).
¡Y enhorabuena por el blog, es una idea preciosa!