Buscando a Soledad.

Últimamente ando algo estresada… entonces es momento de parar y recordar… toca recordar mi último camino a Fisterra con mi madre, que aunque terminó a principios de este mes, la vorágine de la ciudad y el trabajo ha conseguido que me de la sensación que terminó ya hace un año…

Cada uno buscamos lo que buscamos. Y yo, cuando camino, entre otras cosas, suelo buscar soledad. Y cuando digo soledad me refiero a tranquilidad, silencio, a no ver ni interactuar con demasiada gente, pues es lo que ya hago a diario.

Camino a Fisterra, aunque ya lo había hecho varias veces, esta vez repetí con mi madre. Para ella su primer camino. Lo llevó bien, caminábamos unos 20 kilómetros diarios, durmiendo en albergue o pensión. Ella desconectó de su “mundo habitual” y yo del mío. Fue una buena experiencia para ambas, como compañeras de camino e individualmente. Aunque en un principio pensábamos hacer el camino Inglés, el vuelo sufrió un retraso que me hizo replantearme un poco las cosas y finalmente optamos por hacer Santiago-Muxía-Fisterra. Casualmente, y debido al retraso del vuelo, me encontré con el peregrino Toñín en Santiago. Fue una buenísima casualidad. El peregrino Toñín (por si alguien no lo conoce) es un tipo peculiar. Es una persona de esas interesantes, que saben mucho del camino. Pero no es cualquiera que sabe mucho… es un ser extraordinario. Al peregrino Toñín lo conocí el año pasado en el Camino Inglés. Como iba diciendo, este peregrino es totalmente diferente a otros peregrinos que he tenido la suerte de conocer en mi vida. Es alguien que vive y siente el camino de una forma especial. Yo no soy creyente, pero si lo fuese, aseguraría que el peregrino Toñín fue el primer peregrino de la historia que se fue reencarnando en todos los peregrinos siguientes y fue heredando la sabiduría de todos aquellos cientos, miles, millones de peregrinos que han ido haciendo el Camino a lo largo de los siglos 😀 Si algún día tenéis la suerte de compartir pasos con él, os daréis cuenta del sentimiento que alberga en su alma.

Como iba diciendo, salimos mi madre y yo caminando de Santiago y sobre la marcha íbamos haciendo y rehaciendo los planes. Nos hizo calor, cosa muy poco habitual en el norte en esa época del año. No voy a describir las etapas, que para eso están las guías. Voy a contar que, a parte de que los paisajes son preciosos, como siempre y bla, bla, bla… el camino ayuda a desconectar, a reencontrarse con uno mismo, etc… bla, bla, bla… encontré algunas etapas con mucha porquería tirada por el suelo, cosa que no me gustó en absoluto. Supongo que debido a las masificaciones del camino y a que… hay mucha gente muy muy guarra. El camino que había hecho justo un mes antes fue el Lebaniego, y nada que ver con éste. El Lebaniego es un camino solitario, austero. Éste a Muxía y Fisterra ya está montado en el “negocio del camino”.

Al llegar a la puesta de sol en Fisterra me dio la sensación de que estaba en la calle Colón de Valencia en rebajas… la puesta de sol fue preciosa, pero tanto turista por allí… le quitó mucho encanto. No era precisamente lo que buscaba. Disfruté igualmente de la imagen de la maravillosa puesta de sol sobre un mar de nubes y al día siguiente decidimos continuar andando hasta Cee. Era curioso ver a todos los peregrinos en dirección contraria a la nuestra (los peregrinos que iban a Fisterra, claro) Muchos, muchísimos.

El Camino en sí es una experiencia muy personal para cada uno, pero cuando se convierte en una especie de feria… para mi, pierde la magia. Esto ya me hizo tomar la determinación de que, si no quiero masificaciones, ya no sólo hay que elegir las fechas para caminar, sino también los caminos. Es una elección muy personal, dependiendo de lo que busque cada uno. Si buscas conocer gente, vete a un camino determinado en unas fechas determinadas. Pero si lo que buscas es soledad (como en mi caso) hay que irse a otros caminos, en otras fechas. Mi próximo camino, si no pasa nada, será muy pronto. El camino de Invierno, y en invierno 😀 a ver si tengo suerte y me encuentro a Soledad por allí.

¿Soledad = Libertad?

La soledad es peligrosa. Es adictiva. Una vez te das cuenta de cuánta paz hay en ella, no quieres lidiar con la gente” (Carl Jung)

El otro día leí esa frase y me hizo gracia. La soledad sin buscarla seguro será muy negativa. Pero el hecho de estar lidiando todo el día con gente sin buscarlo, también es muy negativo. O eso, o es que yo ya soy adicta a la “soledad” ¡jajaja!

Soledad. Es lo que busco, entre otras cosas, cuando camino. Es lo que espero encontrar. Y cuando digo “soledad” me refiero a una sensación muy positiva para mí. Sensación de estar sólo conmigo misma o con los míos (familiares o amigos con quienes puedo ser yo misma). Soledad, esa magnífica compañera de camino que no me impone nada, que no me dice cómo vestirme, cómo hablar, cómo comportarme. Que no me obliga a estar sentada durante horas. Que no me impide mandar a la mierda (con esas palabras) a alguien. Esa compañera que no me dice qué camino debo coger, voy hacia donde quiero. Soledad no se mete en nada, no es inoportuna nunca. Es una gran compañera, como dice el peregrino Toñín: “nunca discuto con ella”. Soledad es silenciosa. No me apremia para que camine rápido o despacio. No me dice que me ponga zapatillas, le importa poco si camino descalza. No me juzga, me permite sentir y pensar cualquier cosa… Soledad simplemente está, pacíficamente, siendo una silenciosa compañera de camino.

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2 Comments

  1. peregrinotoñin

    Muy bonito relato……como siempre digo,,con la soledad no se discute y ademas puede ser una muy buena compañia,,,sobre todo en estos tiempos convulsos que habitan el camino.
    Me ha gustado mucho verme retratado en tu relato…

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