Sobre el Camino Lebaniego.

 Antes de que la rutina de la ciudad me posea, quiero escribir mi particular visión sobre este último camino, el Lebaniego.

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Desde San Vicente de la Barquera al Monasterio de Santo Toribio de Liébana. Un camino corto, pero intenso y precioso. Como cada camino, o cada ruta, o cada paso que damos en nuestra vida, partimos de una condición física y mental diferente. En éste último camino, yo partía de una condición física bastante lamentable, por haberme tirado casi un año de sedentarismo, haciendo poco ejercicio y dando paseos cortos y alguna ruta de montaña de poca intensidad. Y mentalmente partía de una baja por ansiedad de siete meses, causada entre otras cosas por mi trabajo, de la cual aún no estoy del todo recuperada y que contribuía a que mi estado de ánimo no fuera el idóneo como lo fue para otros caminos. Bueno, pues en esta ocasión quería reflexionar, quería pensar sobre mi vida y mi trabajo, sobre aquello que me provoca ansiedad, sobre lo que haré o no haré en el futuro… quería que la magia del camino decidiese por mi. Pero no fue así, me dejé llevar por las sensaciones del camino y en ningún momento pensé en mi trabajo (o pensé muy poco), en casi ninguna ocasión reflexioné sobre mi vida. Sólo me dediqué a disfrutar del paisaje, a disfrutar del camino. Sólo me preocupé cuando, abatida por el cansancio y el calor abrasador creí en algún momento que no podría continuar y que tendría que pasar la noche en el saco de dormir, en medio de la montaña… aunque tampoco importaba demasiado hacer vivac. Lo que sí me preocupó fue el hecho de sentirme con una falta de energía tan grande. Ahí me di cuenta por una parte de que realmente sí estaba con una condición física bastante mala, pero por otra parte, al ser capaz de terminar las etapas, también me di cuenta de lo fuertes que podemos llegar a ser cuando decidimos seguir adelante aunque el cuerpo no responda como nos gustaría.

Por lo tanto, el Lebaniego ha sido un camino que me ha hecho darme cuenta de que sigo “aquí”, de que puedo recuperar la fuerza que tenía si no dejo de caminar. Y sobre la ansiedad… la ansiedad no se acordó de mi durante todo el camino (yo tampoco me acordé de ella). Caminar, al menos para mi, es el mejor ansiolítico que conozco.

En cuanto al Camino Lebaniego en sí, que muchos me habéis preguntado, pues (al menos en los días que mi compañero y yo lo hicimos) ha sido un camino solitario. Sólo coincidimos con una peregrina en el albergue de Lafuente y caminamos con ella un rato al día siguiente, pero ella siguió por delante de nosotros y la perdimos. En el bar de Cicera, recogí un detalle que me había dejado un par de días atrás Alejandro, un peregrino con el que coincidí en el espacio, pero no el tiempo, por lo tanto no lo conocí en persona. Fue algo curioso… compartir pasos en el mismo lugar, pero en días diferentes… En la fuente de Lebeña vimos a un peregrino, que lo volvimos a ver al llegar a Santo Toribio junto a otro peregrino, pero ellos no debieron pasar por el desfiladero de la Hermida. Es un camino paisajísticamente perfecto.

En la primera etapa, desde San Vicente de la Barquera a Lafuente es todo asfalto. Es una verdadera lástima, porque caminar por asfalto no es nada agradable. Pero el paisaje hace a veces que te olvides de que es asfalto lo que hay bajo tus pies. Han hecho nueva una variante que dicen que es muy bonita que va junto al río (al salir de Hortigal, que es donde se bifurca el Lebaniego desde el Camino del Norte) y que alarga un poco la etapa, pero nosotros optamos seguir por la variante antigua. Está perfectamente señalizado en ambas variantes, no hay posibilidad de pérdida.

La segunda etapa y recomendados por el hospitalero de Lafuente, para evitarnos asfalto y pisar montaña, cogimos el Canal Franco (bosque maravilloso) y después en Lebeña, el desfiladero de la Hermida, con una fuerte subida al principio y después ya vas caminando en plano, tranquilamente. El hecho de coger la opción del desfiladero la tomamos como un reto, pues algunos comentaban que era complicado, que estaba mal señalizado y que podría ser muy peligroso. Pero hicimos caso al hospitalero y bien contentos quedamos con esa opción. Al terminar el desfiladero de la Hermida y hasta llegar a Potes, el camino es bastante aburrido. Se puede ir por un camino de tierra (otra vez para evitar carretera) que hay en la margen derecha de río. Hay muchas cuestas en todo el camino… cosa normal en el norte jajaja! Pero mucha falta de práctica teníamos nosotros. Fue en una de esas cuestas, subiendo al desfiladero, con el sol abrasador, cuando pensé que ya no iba a poder continuar subiendo más y que me iba a quedar allí tirada.

La llegada a Santo Toribio (tercer día), que está muy cerca de Potes y el camino va íntegramente por carretera, fue un poco pesada. Pero no hicimos caso de la carretera y nos metimos por un camino de tierra a la derecha… a algún sitio llegaría y si no, sabíamos que la carretera quedaba a la izquierda, ya subiríamos por algún lugar… Pero ese camino de tierra nos llevó justo a la entrada del Monasterio, al aparcamiento. Así que genial. Y la sensación a la llegada pues… nada, ¡misión cumplida!

Un Monasterio, con un montón de turistas. Una tiendecita de “recuerdos” para que, quien quiera haga gasto. La entrada al Monasterio es gratuita y puedes ver el supuesto trozo más grande guardado de la Cruz de Cristo. Cómo no sabíamos como funcionaba lo de la Lebaniega, preguntamos en la tienda y la señora nos selló la credencial y nos dio opción de comprar la Lebaniega por un euro. Dijimos que no. No por el dinero en sí, un euro es algo simbólico, sino por el hecho… no voy a pagar por ningún “diploma” que diga que he cumplido la peregrinación a ningún sitio. Además de que es un negocio a costa de los peregrinos. Lo importante de mi camino son mis pasos y el recuerdo me lo llevo igual, con “diploma” o sin él. Como disponíamos de tiempo, nos quedamos a comernos un bocadillo al lado de una fuente que y vimos cómo todos los turistas se subían en los autobuses y desaparecían, pues el Monasterio lo cierran a la hora de comer. Entonces nos quedamos solos. Sensación de quietud y silencio.

¿Si recomiendo o no este camino?

Yo recomiendo siempre todos los caminos, porque cada uno es diferente y porque de cada paso se aprende. Además es solitario y precioso… ¿qué más se puede pedir? Bueno, se puede pedir que desaparezca el asfalto… entonces ya hubiese sido perfecto 😀

Buen camino a quienes lo emprendáis pronto.

 

2 Comments

  1. Me gusta leerte porque me sirves de guía en estos momentos.
    Y qué decirte? Que me alegra de corazón que esa ansiedad se difumine con tus pasos. Es una señal y no precisamente amarilla. Vaya, que demostrado ha quedado que también sabes hacerla dormir.
    Gracias por ser un poquito mi guía en este Camino y ánimo con todo lo demás!!!
    Un beso enorme.

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