¿Por qué peregrino a Santiago? – El Primitivo, mi primer Camino.

Ante la pregunta que he visto en muchos grupos del Camino de Santiago ¿por qué la gente peregrina a Santiago? Pues os cuento yo lo mío (y de paso lo cuelgo como post en el blog)… porque cada persona tendrá su motivo para lanzarse al Camino.

Mi primer Camino de Santiago fue el Primitivo. ¿Por qué? Pues realmente fue un poco por vivir una aventura. Gente de mi entorno lo había hecho y me decían: ¿por qué no has hecho el Camino de Santiago con lo que te gusta caminar? Y bueno, pensé que algún día lo haría, por vivir una experiencia y probar algo nuevo. Sin más motivo que ese.  A mi lo que me gustaba (y me sigue gustando) son las rutas de montaña por los Pirineos. Y lo  del Camino lo imaginaba algo bastante comercial y sin demasiada aventura. Además me daba un poco de agobio pensar en los albergues. Los peregrinos que conocía me hablaban del Primitivo, que transcurría por Asturias por paisajes preciosos, que no estaba masificado y que estaban seguros que me encantaría… y bueno, por fin llegó el día. El que era mi compañero de vida en aquel momento y yo, nos lanzamos a la aventura. Total, por los kilómetros tampoco teníamos miedo, pues habíamos hecho montaña y habíamos “sufrido” nuestras peripecias, y si no nos gustaba el ambiente, pues siempre podríamos dar media vuelta. Llegamos en tren a Oviedo, buscamos el albergue de peregrinos y allí había un peregrino canario esperando que abrieran. Y una peregrina japonesa. Con ellos comenzamos el Camino al día siguiente.  Durante todo el Camino encontramos maravillosas personas que se convirtieron en nuestra familia durante aquellos 11 días hasta llegar a Santiago. Sentí esa sensación de considerar a aquellos que caminaban conmigo mi verdadera familia. Hicimos un grupo muy majo. Éramos los rápidos del Camino. Nos juntamos con dos canarios, dos asturianos, después nos encontramos a otro peregrino de Jerez y a Jose Luis de Valladolid. Nos considerábamos una manada. Caminamos juntos todo el tiempo, éramos realmente un equipo. El sentimiento de grupo era total. Además  me di cuenta de que fui capaz de caminar mucho más de lo que en principio creía que podría, pues nos tocó hacer una etapa de 50 km por circunstancias del Camino… Lugo-Melide de tirón. Creo que me emocioné más al llegar a Melide que al llegar a Santiago. Caminé más deprisa de lo que estoy acostumbrada pues los Asturianos y los Canarios  son unos fuera de serie y su paso normal era mucho más rápido y potente que el mío (tendríais que ver qué piernas tienen…). Rompí muchas barreras físicas y mentales y me di cuenta de que aún no estando tan en forma como el resto de mis compañeros y me tenían que esperar a ratos, pude continuar, sin ampollas y sin dolores de espalda, cosa que me hizo sentir muy bien. Salvo un par de albergues o tres que me agobiaron bastante, el resto bien. Dicen que los que comparten pasos quedan unidos para siempre. Yo creo que, de una forma u otra, casi siempre es así. Mi primer Camino me enganchó hasta el punto de que, cuando lo terminé sabía que ese, el Primitivo, había sido el primero de muchos… La experiencia fue muy bonita, mucho más de lo que había a priori imaginado. Mucho más de lo que me habían contado. Fue un camino de superación, una nueva experiencia, nuevas sensaciones que creí no iba a ser capaz de experimentar, como ese sentimiento de grupo que se creó en tan poco tiempo. Creo que todo fueron buenos momentos, no hubieron lágrimas, no hubieron accidentes, en mi caso no hubieron ampollas ni tendinitis, ni nada de eso que suele ser común en los caminos. Cuando se me cansaban los pies (sobre los 20 o 25 km) me quitaba las zapatillas de trekking y me ponía mis chanclas y seguía caminando hasta los trentaypico que era lo que solíamos caminar cada día… terminaba con dolor de pies, pero al día siguiente estaba bien y así día tras día… llegamos por fin a Santiago y algunos llegamos hasta Muxía. Para mi, el Primitivo, además de bonito, creo que fue un camino muy “humano”.

Tres etapas en este camino quedarán para siempre en mi memoria:

  • la etapa de Hospitales, por el amanecer, fue uno de los más bonitos de mi vida;
  • la de los 50 km (por el hecho de que aquello parecía interminable y porque hasta ahora, no he caminado más de 50 km seguidos);
  • la de Negreira-Olveiroa que fue la etapa de la lluvia…. bueno, del diluvio. Además como había niebla no vimos alguna flecha y nos perdimos. Estuvimos caminando creo que algo más de 12 horas bajo una lluvia intensa. Ese fue el día que me pregunté: ¿qué es lo que estoy haciendo yo aquí? Y me sentí absurda. “Si eres capaz de superar esa sensación, lo superarás todo” me dijo el compañero peregrino de Jerez. Y seguí caminando empapada hasta el alma. Llegó un momento, en que la lluvia ya no la sentía. Llegué al albergue con las chanclas pues el goretex con tanta agua no vale de nada y con la piel de pies y manos y casi del resto del cuerpo mojada, arrugada, blanca azulada como un muerto… pero esa sensación meditativa que conseguí alcanzar caminando bajo la lluvia fue importante. Me dejé llevar, dejé que mis sentidos fluyeran con la lluvia, me integré en ella hasta que formó parte de mi (o yo formé parte de ella).

Peregrino a Santiago o a Fisterra o a Muxía, porque el hecho de hacerlo me ayuda a fluir, a conectar conmigo misma y con los demás. A desconectar de lo cotidiano y entrar en ese “modo nómada” de: sé donde estoy hoy, y voy en aquella dirección, pero no sé dónde dormiré mañana, porque el Camino se va haciendo sobre la marcha. Porque al segundo día de estar caminando ya no sé en qué día vivo, porque el espacio y el tiempo se relativizan… Porque me doy cuenta de que todo lo que “necesito” me cabe en una mochila. Porque lo importante se reduce a poder comer, beber y descansar. Y eso, con la personalidad que tengo y la vida que llevo, es muy importante para mi. Más que importante… es vital.

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La foto no es mía, es de mi amigo peregrino canario César Santana (tuve la suerte de conocer en el Primitivo al mejor fotógrafo de Gran Canaria) Es el amanecer en la etapa de Hospitales. El sol sobre el mar de nubes.

amanecer_primitivo