“Aquel domingo de primeros de noviembre de 1972 cambió mi vida para siempre” (Yoseph Walker)

 ¿Cuando empecé a caminar? Mas o menos como la mayoría, entorno al año de edad, supongo. Una vez que podemos caminar se nos van apareciendo los caminos, los cruces, las bifurcaciones, los desvíos y las alternativas y constantemente nos vemos obligados a escoger. A los dieciséis años, en plena pubertad, yo escogí la libertad. Escogí la música, las canciones y las flores y me fui con los hippies. Aquel sueño de paz, amor, música y libertad era bonito y como se suele decir “fue bonito mientras duró”
Aquella libertad implicaba algunos empujones, algunas ayudas en forma de porros, alcohol, LSD y todo lo que por allí caía.
El verano del 72, y no se como, me absorbieron las olimpiadas de Montreal. Estaba todo el día en casa mirando como un bobo la TV. Cuando se clausuraron me encontré con un vacío, con cierta tristeza. De repente todo era diferente. Ya no quería salir ni volver a mi vida de hyppi.
Mis amigos me reclamaban, pero yo no tenía ganas, no me apetecía, de modo que me quedé en casa, solo. Mis padres estaban muy preocupados por mi vida. Aquellas vestimentas, aquellas melenas, aquellos modos no encajaban en aquella sociedad, pero ahora seguían preocupados por mi aislamiento.
Un día apareció por casa un tío, un hermano de mi padre. Hablando del asunto me invitó a ir al monte con mi primo. Además, ahora, él estaba en la mili y me podía prestar parte del equipo. Yo acepté a regañadientes, por no decir que no. Mi padre, entusiasmado, me llevó a comprar cosas: unas botas, un chubasquero, un gorro, … El domingo, entonces solo se iba al monte los domingos, el resto de la semana era para trabajar, incluso los hippies, pues, el domingo, como decía, a las siete de la mañana aparecí donde nos tenía que recoger el autobús. Allí estaban parte de quienes iban a ser, a partir de entonces, mis compañeros de “viaje”.
Aquel domingo de primeros de noviembre de 1972, la excursión era a Jaca, a la peña de Oroel. Aquel domingo de primeros de noviembre de 1972 cambió mi vida para siempre.