Cómo conocí a mi peregrino y actual compañero de vida. Amor en el camino (VI) Finisterre, donde termina la Tierra y comienzan los sueños.

Amanecimos en Muxía, teníamos que llegar a Fisterra, esta vez sí que madrugamos, creo que fue el único día de todo el camino que madrugamos. Queríamos llegar a la puesta de sol. Pero… al salir del albergue público de Muxía  estaba lloviendo. Y llovía bastante. Nos fuimos a desayunar al bar O Xardin y veíamos caer la lluvia incesante… y con poca intención de que saliese el sol. El día anterior también llovió, pero no nos importaba. Pero ese día necesitábamos ver la puesta de sol. Era nuestro último deseo del camino. Sólo eso: una puesta de sol. Nada  más. Pero dimos prácticamente por hecho que el sol no lo veríamos ese día.

Ese día hablamos poco. Estábamos ensimismados en nuestros pensamientos. El final estaba llegando y además era un final gris y lluvioso ¿sería este día gris un pronóstico de lo que nos esperaba? Estuvimos hablando un rato con la camarera y nos dijo que no saliéramos aún, que era de noche y llovía mucho, que nos esperáramos… fuimos haciendo tiempo en el bar, esperando a no sé qué y cuando nos dimos cuenta, seguía lloviendo y era tarde para comenzar la etapa y llegar a Fisterra antes de que se pusiera el sol. ¿Pero qué sol? Total, seguía lloviendo, el pronóstico era de lluvias y el día seguía muy cerrado. Desistimos de nuestro último deseo de ver la puesta de Sol en Finisterre. La “realidad” se iba apoderando de nosotros; por lo menos, se iba apoderando de mi. No recuerdo qué hora era y seguíamos en el bar.

Optamos por ir a Finisterre en autobús,  ver el pueblo y una vez en el pueblo alojarnos en un albergue privado. Estábamos desanimados por ser la última etapa, por no ver el sol, porque la triste realidad del final se había transformado en lluvia impidiéndonos cumplir nuestro último deseo. Comentando el tema con la camarera, ella se ofreció a llevarnos en coche a Cee y de allí coger el autobús a Fisterra. Y así lo hicimos. Cuando llegamos a Cee, el autobús ya estaba saliendo, pero la camarera le pegó unos gritos en gallego al conductor y le hizo abrir la puerta del autobús… le dimos las gracias a Chelo (si no recuerdo mal se llama Chelo o Xelo) y nos metimos en el autobús camino  Fisterra. Todo el trayecto lloviendo.

Al llegar a Finisterre, el autobús paró cerca del albergue público, pero al no haber llegado caminando, nos fuimos a uno privado.  Preguntamos al chico del albergue cuánto había hasta el faro, no era mucho, así que decidimos seguir caminando bajo la lluvia… total, la lluvia ya nos daba igual. La lluvia ya no nos mojaba. Y teníamos la necesidad de llegar hasta el faro caminando, no sé si en el fondo de nuestros corazones albergábamos la fantástica e irreal posibilidad de poder ver aún la puesta de sol… de un sol que seguía sin aparecer. Salimos del albergue hacia el faro, caminando cada vez más deprisa.

A cada paso hasta el faro, la magia se apoderó de nosotros y de nuestro entorno. La lluvia comenzó poco a poco a cesar, un viento fresco empezó a despejar nuestras cabezas… “¿te imaginas que aún vemos la puesta de sol?” le dije a mi compañero. “Pues claro que sí”, me respondió. Y seguimos hacia el faro casi corriendo. El sol seguía sin aparecer, pero en los pocos kilómetros que hay hasta el faro (aunque a mi me pareció una eternidad) las nubes comenzaron a moverse. El mar estaba gris, como cualquier otro día de lluvia y embravecido, como cualquier otro día de temporal. Llegamos por fin al mojón del kilómetro cero. Ahí sí me quedé sin palabras. Ya no llovía. Una intensa emoción se apoderó de mi. Kilómetro cero…. Fue un shock muy muy fuerte… una tremenda sensación de realidad/irrealidad me abrumaba. Pero había que llegar al faro que estaba ahí mismo… caminamos hasta el faro, ya no sé si íbamos corriendo o despacio, no lo sé… mi mente estaba sumida en una especie de locura, de bloqueo… de colapso, no sabría explicarlo… nos acercamos al faro, pasamos por detrás de él, nos sentamos en las rocas… y entonces… simplemente, sucedió…. Los rayos de un sol que había estado escondido todo el día por una lluvia incesante, se abrieron paso entre los nubarrones negros, iluminando el mar con su luz cegadora. Nuestro último deseo del camino se cumplió. Vimos la puesta de sol. La puesta de sol más emotiva de mi vida. Finisterre, donde termina la tierra y comienzan los sueños.

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Termino de escribir estas líneas con lágrimas en mis ojos por el recuerdo, por la magia, por el camino. Por la vida, por las oportunidades que nos brinda. Sigo en otro post… que aún queda un poquito.
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6 Comments

  1. JOSE LUIS GONZALEZ GONZALEZ

    Realmete extraordinario os o te FELICITO, el CAMINO es el CAMINO nuesro CAMINO, que decir de EL yo llevo once CAMINOS y si DIOS quiere este año voy por el doce, lo tuyo nada más lo podemos entender los que vamos al CAMINO, FELICIDADES y que sea una FELICIDAD eterna.

  2. Patri

    Me pregunto si la chica del bar es la misma que nos atendió en el 2009? nos puso un disco de Rocio Durcal zapeado. Y fue muy atenta en el servicio.

  3. Maria

    Bonita tu historia, yo hice el camino y mi intención era llegar a Fisterra, pero al contrario que tú, para mi, llegar allí era el final absoluto, el final de la tierra pero también el final de los sueños. ..
    Estaba decidida a decirle adiós allí, un adiós rotundo pero bonito, un adiós que como la misma Fisterra, significaba que ya no había nada más por recorrer juntos, ya no podíamos seguir caminando juntos hacia adelante en nuestra vida, es decir, para nosotros no había futuro y allí nos despediamos…
    Lo tenia todo pensado, sería doloroso, pero bello, como tú buscaría ese atardecer y allí, solos, nos diríamos adiós con un beso.
    Yo me volvería sola y con el corazón roto, el estaría destrozado, pero se le pasaría y el tiempo, poco a poco, pondría cada cosa en su lugar.
    Nunca llegamos a Fisterra, solo Dios sabe el porqué, seguimos juntos pensando que el adiós vendrá, que no hay solución, pero yo sigo soñando con llegar a Fisterra y por lo menos, darle una lección al destino y decirle que si, que se va a salir con la suya, nos ha puesto en un camino en el que, ineludiblemente llegará el momento en el que cada uno, deberá elegir una senda distinta, pero que nuestro amor estará por encima de su crueldad y será por lo menos, en un acto de rebeldía, como yo lo he querido, cuando yo lo he querido y donde yo lo querido…

  4. Yta

    Realmente me quedé sin palabras, una historia apasionante casi de película,, te felicito ojalá nunca pierdas esa alegría que despertó en tu corazón, un hablazo,

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