¡Las peripecias de Carlos!

Comencé el Camino en bici el 6 de setiembre de 2015. Hago el Camino solo. Salgo de madrugada los sábados cada 2 semanas de mi domicilio. Me desplazo en coche hasta la localidad de inicio de etapa. Hago una etapa ida y vuelta, completando la etapa del camino francés y la del aragonés, cuando son comunes. Luego veo en coche el patrimonio histórico-religioso de la etapa y regreso de vuelta a mi domicilio. Son jornadas de 20 o 22 horas. Hice 5 etapas en 2015 y espero reanudarlo en agosto de este año, si Dios quiere. Lo hago así porque evito en lo posible todas las comodidades que me ofrece el Camino del Siglo XXI. Me niego a perder valores que han prácticamente desaparecido de nuestra vida diaria y que en el Camino los palpas a cada paso que das. Y porque lo quiero vivir de manera muy intensa y espaciada en el tiempo. Es la única forma de que dicha intensidad perdure en mí mismo.
Mi primera etapa fue Boadilla del Camino-Calzadilla de la Cueza. Aunque no quise hacerlo, me vi  obligado a empezar un domingo. La prueba de la inexperiencia. Etapa de ida y vuelta de 75 kilómetros, llana. A 5 kms. de llegar a Calzadilla de la Cueza reventé mi cubierta trasera. Seguí 2 kms. con un parche de unos alemanes y los 3 últimos kms. los hice andando. En Calzadilla sellé mi credencial y me dijeron que tenía que ir a Sahagún en taxi para que me arreglaran la bici. En ese instante supe lo que tenía que hacer. Sellé mi credencial del camino aragonés y dí la vuelta caminando a Boadilla del Camino.
Algo o alguien me había dicho lo que tenía que hacer y como tal lo acepté. ¿Que me tocaba sufrir mi primer día? – Bueno. Algo bueno me esperaría.
El tramo más largo del Camino: Carrión-Calzadilla, bajo el sol castellano a la una de la tarde. En Carrión de los Condes paré, como hago desde hace años, en el Monasterio de las Clarisas a comprarles dulces. Me regalaron una gorra y me fuí. Salí de Carrión sollozando durante unos 2 kilómetros.
De Carrión de los Condes a Frómista, no paró ningún coche a preguntarme si necesitaba algo. Yo tampoco hice ademán de pararlos, porque había comprendido que la gorra de las Hermanas Clarisas era mi recompensa a una jornada tan dura. Era lo único que necesitaba para seguir caminando. Cuando llegué a Frómista se me estaba haciendo de noche y estaba destrozado después de caminar 8 horas. Cogí un taxi a Boadilla y regresé a Asturias.
¿Las dos anécdotas de aquel día?
– La gorra. Un simple gesto de caridad cristiana que alivió mi caminar…
– Lo que me dijo la taxista de Frómista cuando piqué a su puerta: “Jamás ha llamado a mi puerta nadie tan agotado como tú.”
Tardé dos días en recuperarme.
Trece días después regresaba al Camino.