“Soy una caminante ginkgo” (María)

 Desde hace varias semanas, me ha dado por bucear en una manera de escribir curiosa. Se llaman haikus. Son poemas tremendamente breves, que encierran una belleza tan grande como lo es su brevedad.

Me apasiona escribir. Para mí es una manera de traducir en palabras escritas lo que se mueve por dentro. Lo hago casi que desde que tengo uso de razón. El papel y el lápiz me acompañan allá donde voy. No importa que sea cuando salgo a comprar, a trabajar o a caminar.

Para mí sumergirme en la escritura de los haikus ha sido un reto interesante, ya que me considero una persona que escribe… digamos que “largo y tendido”.

Sin embargo, al curiosear sobre su razón de ser, la técnica que utilizan los “haijin” (escritores de kaikus) y su métrica, me doy cuenta de que mi manera de escribir conecta en bastantes detalles con la de ellos.

… Y os preguntaréis… ¿qué hace esta persona escribiendo sobre haikus en un blog en el que la gente escribe sobre lo que significa para ella caminar?

Ahora lo veréis.

De gran fuerza expresiva, los haikus son poemas breves que, generalmente, hacen referencia a elementos presentes en la naturaleza. Este detalle es otro de los que más me cautiva. La habilidad para establecer conexiones entre las imágenes visuales inspiradas en la sencillez de la naturaleza, y la profundidad que la trasciende para penetrar hasta el más recóndito de los rincones del alma humana.

Escribiendo haikus me he dado cuenta de que, para mí, es una suerte de meditación. Ya antes de descubrir esta manera de escribir, salir a pasear, generalmente en contacto con la naturaleza, me ha servido de inspiración. Los tiempos en que he escrito con más facilidad, son precisamente aquellos en los que he pasado más tiempo en contacto con la naturaleza. Tenderme bajo un árbol a ver cómo se filtra el sol entre las hojas, ver las nubes pasar, la bruma sobre un bosque, las olas rizadas del mar, o el sonido de las gotas después de llover, se convierten en musas para mi trazo sobre un papel. Centrar mi atención en lo que el entorno le sugiere a mis sentidos, no me cuesta ningún esfuerzo.Para los japoneses, la capacidad de escribir un haiku es un verdadero arte. Consideraban que era importante ser observador y valorar la naturaleza. Los haijin solían caminar en soledad para observar la naturaleza y así inspirarse para la creación literaria. Estos poetas eran conocidos como “caminatas ginkgo”.

Ahora sé por qué me atraen tanto los haikus… porque soy una caminante ginkgo!!!  🙂

La vida es un viaje