“Es mi forma de meditar, y por eso lo busco” (Belén)

Muchas veces me he sentido incomprendida por mis ganas de caminar, incluso ni yo misma me daba cuenta de cuánto lo necesitaba, sobre todo en mis 20-28 añitos (ahora tengo 41) ya que fue mi período largo en el que no me conocía aún y no estaba muy a gusto conmigo misma sin saber muy bien por qué (ahora entiendo que era porque no me escuchaba). 

Un día me paré a pensar y me di cuenta de que, a pesar de lo que casi siempre escuchaba (“dónde vas”, “yo te llevo”, “que tontería ir andando”, “siéntate y tomamos una más”, “eso está muy lejos”, “vas a tardar mucho más”) me encontré andando siempre que tenía un momento. Al principio supongo que fue algo premeditado, y con cierto esfuerzo (sobre todo lo de salir de casa sola a caminar sin mas, creo que durante mucho tiempo no lo vi lógico), y más adelante mis piernas salían solas de casa a la mínima que tenía libre. Al mismo tiempo descubrí lo que era caminar por el monte (después de un tiempo buscando oportunidades),  sin tener ningún motivo por llegar a ningún sitio, únicamente la satisfacción de caminar. Aquello era también una forma de escaparme, no se exactamente si de mi o de qué, pero creo que lo que conseguí fue encontrarme. Puede que la causa de encontrarme no fuera caminar, sino que era el momento de mi meditación para reconocerme, pero lo cierto es que sucedió a la vez, y no puedo separar una cosa de la otra.

Ahora tengo claro que es mi forma de meditar, y por eso lo busco. 

 

 

One Comment

  1. Me encanta tu descripición, Belén.
    Caminar como froma de meditación 🙂
    Un abrazo, caminante. María (La Surera).

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