Lucía terminó su camino y se dejó su trabajo.

Trabajaba en una gran empresa, en Madrid. Tenía un puesto donde ganaba bastante, pero no tenía vida personal. Me pasaba la semana trabajando, y el poco tiempo libre que tenía lo dedicaba a preparar reuniones. Un día, estando en mi casa, después de la ducha empecé a ahogarme. Vivo sola y llamé a urgencias. Pensé que se trataba de un infarto. Afortunadamente “solo” fue una crisis de ansiedad. ¿Ansiedad yo? Pues sí. Sin darme cuenta, después de tantos años dedicados sólo a trabajar y a ganar dinero y tras este toque de atención y visita al médico empecé a darme cuenta de todo el tiempo que no había dedicado a disfrutar, ni a salir, ni a vivir. Había semanas que apenas veía la luz del sol. Estaba centrada en el trabajo, obsesionada con él. Empecé a sentirme cada vez peor, seguía con esas crisis que me ahogaban y decidí acudir a un psicólogo. Resumiendo: después de un año asistiendo a terapias y con ansiolíticos sin que ninguno de mis compañeros de trabajo se percatara de que yo estaba mal, decidí irme al Camino de Santiago. Había oído hablar de él, aunque no mucho. Y que algunos se iban para poner sus pensamientos en orden. En fin… yo no estaba demasiado acostumbrada a caminar y pensaba que eso del camino estaba hecho para otro tipo de personas. Pero bueno, ¿por qué no intentarlo? . Me cogí un mes de vacaciones en el trabajo y comencé MI CAMINO. Y lo pongo así, en mayúsculas, porque realmente ahí comencé mi verdadera vida. No voy a detallar cómo fue mi camino, porque se haría muy larga la historia. Lo que quiero contar es, que al llegar a Finisterre y ver el mojón del kilómetro cero… decidí que nunca más en mi vida, desde ese momento, iba a dejar de vivir. Resumiendo: cogí desde Finisterre el autobús a Santiago, de vuelta. Me tatué el mojón del kilómetro cero en Santiago y cogí el vuelo a Madrid. Fui a mi empresa, hablé con el que era mi jefe y me dejé mi trabajo. De esto hace ya tres años. Y he de decir que es la mejor decisión que he tomado en mi vida y, curiosamente, después de hacer el camino, fue una decisión muy fácil. Cuando te das cuenta de que realmente lo valioso de la vida no es ganar mucho dinero, ni es el trabajo… tal vez lo valioso en la vida es poder darte una ducha caliente cuando llegas destrozada y con los pies ensangrentados a un albergue. Lo valioso de la vida es conocer gente que te enseña que da igual que seas empresario o asalariado. Da igual que tengas hijos o no los tengas. Da igual que tengas una buena posición en el trabajo o que no tengas trabajo. Lo verdaderamente importante en la vida es ser feliz. O al menos intentarlo. Buen camino a todos.

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