¿Por qué caminamos?

El Clímax del Caminante” iba a ser el título de un libro que un día escribiría (después os contaré qué montaña me inspiró el título). Y que si algún día tenía éxito, lo ganado en ventas iría destinado a alguna asociación de personas que no pueden caminar (parapléjicos). El inicio de las primeras palabras que comenzarían el proyecto, iban a surgir un día de inspiración, después de haber terminado la carrera de psicología y con grandes conocimientos sobre la psique humana. Como las emociones me parecen algo tremendamente apasionante, “El Clímax del Caminante” tendría que relacionar las emociones con la montaña, con el senderismo y con el hecho de caminar, que para mi es, en sí mismo, fuente de inspiración y motivación. Incluso en “El Clímax del Caminante” relacionaría el increíble momento de un orgasmo sexual con el increíble momento de llegar a la cumbre de una montaña tras una dura travesía de ascenso. Pero dejémonos de “cuentos de la lechera”.

Lo de terminar la carrera de psicología aún queda lejos. Lo de saber más acerca de las emociones y la motivación humana también queda lejos; sin embargo “El Clímax del Caminante” sigue abriéndose paso en mis pensamientos. Y, con la esperanza de que el proyecto algún día tome forma física, real y tangible… de momento quiero ir moldeándolo, aunque sea algo etéreo o efímero… pero… ¿por qué no?

Lo primero, me gustaría pasar una especie de encuesta a todas las personas amantes del senderismo o de la montaña o peregrinos que hayáis realizado algún Camino de Santiago o alguna peregrinación. No importa sexo, edad, o religión, aunque si os apetece, me gustaría que me contarais también sobre ello. No importa que seáis senderistas de fin de semana (domingueros), que seáis escaladores profesionales o alpinistas o que os consideréis peregrinos de corazón, aunque me gustaría que me contarais también sobre ello. No importa si padecéis alguna enfermedad mental o física, aunque me gustaría que me contarais también sobre ello. No importan los kilómetros, no importa la dificultad de la travesía, no importa si os retirasteis antes de finalizarla, aunque me gustaría que me contarais también sobre ello.

Todos los que caminamos de forma habitual por entornos más o menos naturales lo hacemos por algo. La finalidad de esta encuesta no es hacer ninguna estadística, ni ningún estudio, ni ningún trabajo para la facultad.  La finalidad es en principio satisfacer mi curiosidad de por qué cada persona decide emprender una travesía, qué le motivó a ello, qué sintió en su transcurso y qué sintió cuando finalizó el camino. Y compartir experiencias con otras personas que también tengan la misma curiosidad.

Algunos, el hecho de caminar, lo utilizan como terapia, porque les libera de la ansiedad del día a día en la ciudad. Otros lo hacen porque una fuerza espiritual les mueve a llegar caminando a Santiago de Compostela. Otros lo hacen por una promesa. Otros caminan por el simple hecho de ponerse en forma, adelgazar o como algo deportivo. Otros suben montañas como modo de superarse a sí mismos. Os podéis extender todo lo que queráis, me podéis enviar una redacción contando alguna aventura especial de alguna travesía y cómo hubo un antes y un después en vuestras vidas. O me podéis responder en dos palabras. Podéis firmarlo con vuestro propio nombre o con cualquier pseudónimo. Y podéis elegir que publique vuestra historia u opinión en una entrada del blog o  que no la publique.

Podéis contarme vuestra aventura por mail a peregrinaerrante@gmail.com o podéis enviármelo a través de http://elclimaxdelcaminante.com/cuentame-tu-historia/ o directamente en la página de Facebook www.facebook.com/elclimaxdelcaminante si no os importa que sea público o contestar en el propio blog (incluso así se puede crear debate). Las historias que vosotros me enviéis las colgaré en el apartado “vuestras historias” y las mías propias las cuelgo en “mis historias“.

En cualquier caso, tanto si “El Clímax del Caminante” llega lejos y se transforma algún día en libro o en un compendio de historias maravillosas de gente maravillosa que adora caminar o por el contrario, recorre un corto camino, os estaré eternamente agradecida.

Para romper el hielo comienzo yo… y os cuento públicamente qué sensación me motivó a caminar y de paso, me presento.

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Soy Nieves, una chica nacida en el 79, estudiante de psicología  (sí, por fin sé qué quiero ser de mayor) y no creo en ningún dios. Llevo en mis pies muchos kilómetros, no podría decir cuántos. Varias veces he salido a diferentes Caminos de Santiago, aunque mi verdadera pasión es caminar el Pirineo. Pirineo Aragonés concretamente es donde me “escapo” cuando tengo oportunidad (menos de lo que me gustaría). Me encanta salir los domingos de ruta con los amigos  por las pequeñas montañas Valencianas. Y siempre que tengo vacaciones, aprovecho para caminar por paisajes y rutas maravillosas que tenemos en España, acumulando más kilómetros en mis pies y nuevas sensaciones en mi mente.

Para mí hubo un antes y un después en esto de caminar. Pico Viejo, en la Isla de Tenerife marcó en mí un punto de inflexión. Aunque siempre me ha gustado la montaña, no me consideré senderista hasta el momento que conseguí subir a Pico Viejo, mi primer y único 3000 hasta día de hoy. En aquél momento no estaba habituada a caminar. Pico Viejo es un volcán cuyo cráter tiene unos 800 metros de diámetro y está situado al ladito del famoso Teide en la Isla de Tenerife. Pico Viejo, domingo 11 de diciembre de 2011. Para mi, ese día, alcanzar la cima supuso (a parte de una gran fatiga, por no estar acostumbrada a la altura) una sensación de libertad y victoria personal que no podría explicar bien con palabras. Y la  belleza extraterrestre de aquél lugar, de todo el sendero hasta llegar a la cima… uffff… hay que subir y verlo y sobre todo: sentirlo. Pico Viejo pasó de ser algo imposible en mi mente a algo real. Pasé de sentirme incapaz a sentirme capaz. Pasé de sentirme ínfima a sentirme grandiosa. Sentí una fatiga excitante mientras subía y una sensación de placer casi orgásmico al llegar a la cima y ver el cráter. Sentí lo que empecé a llamar “El Clímax del Caminante”.

Ahora os toca a vosotros: ¿por qué camináis?